Biografía

Miguel Franco

Cruda, complicada e implacablemente bella. Así es la vida. Parpadeas y ya se fue. Así que ahorrémonos las formalidades y saludémonos como dos desconocidos a punto de brindar con un mezcal de dudosa procedencia en algún bar gloriosamente turbio. Me llamo Miguel. Bienvenido al viaje. Me encontrarás vagando por las calles, cámara colgada con desenfado, seducido por líneas inexistentes, reflejos hipnóticos y la gloriosa imprevisibilidad de la humanidad, siempre hambriento del siguiente encuadre, la siguiente historia, la siguiente colisión hermosa de la vida en pleno desmadre.

Me formé en diseño en una de esas universidades elegantes en México. Y sí, lo admito sin pena: cuando la oportunidad toca, le abres la puerta y le sirves un trago. Hubo maestros brillantes, amigos todavía mejores y algunos reconocimientos que llegaron como la cereza de un pastel bien cargado. Digamos que fue mi etapa bohemia, un condimento necesario para afinar el ojo, la mano y esta cabeza inquieta que no sabe estarse quieta.

Miguel Franco Visual Artist

Fue ahí donde la dopamina encontró a su cómplice ideal: la fotografía. Analógica, mecánica, implacable y deliciosamente táctil. Una adicción hermosa y cansada que no pienso soltar. Todo bajo la guía del ojo afilado del mismísimo maestro de maestros José Hernández Claire, descansa en paz master, un mentor cuya visión corta directo al hueso y deja solo lo que importa: verdad cruda y belleza sin maquillaje.

Curioso por naturaleza, a ratos imprudente y otras v eces valiente, aterricé en la ciudad de Vancouver, Canadá, por ahí del borroso arranque de los 2010. Aquí, en medio de un delicioso buffet multicultural de experiencias, arranqué otro capítulo: zambulléndome de lleno en la programación, ojos bien abiertos, apetito feroz. Como era de esperarse, mi fascinación me llevo hacia la UI y UX, el lado más humano del código, la parte que seduce, engancha y te mantiene flotando, deseando otro clic más.

A través de experiencias de vida, vagando, sumergiéndome en idiomas, sabores y culturas muy distintas a la mía, he seguido afinando mi ojo, alimentando mi instinto creativo. Cada encuentro ajusta mis composiciones, acorta el camino del ojo, al cerebro y finalmente al dedo en el obturador. Con cada disparo me acerco un poco más al centro, al lado oscuro si tu prefieres. Así que aquí está: Liebre Negra, mi pequeño archivo descarnado, una destilación curada de años persiguiendo sombras, historias y caos por las calles del mundo.

Si llegaste hasta aquí, gracias. De veras. Pero basta de charla. Vamos a lo bueno, al centro grasoso de este proyecto: Epitome. Y si andas generoso (o simplemente curioso) date una vuelta por mi Instagram: @miguel_visual_artist. La vida es corta, amigo, consúmela toda.