
Beginning :: End
La Historia
El malecón, finales de verano, hora dorada. Llevaba caminando una hora, la cámara ya como extensión del brazo, el ojo afinado de esa forma en que se afina cuando dejas de notar que vas andando y empiezas a notar lo que las calles están a punto de hacer. ¿Cansado? No, lo contrario, en un trance fotográfico.
Iba llegando a Second Beach, la alberca, esa parte del malecón donde empiezas a sentir que de verdad estás entrando a Stanley Park. La luz disminuía y se anaranjaba, como suele suceder en una tarde de agosto. Y entonces lo vi.
Los gansos primero. Una hilera, avanzando hacia el agua, en fila india, con ese aire procesional que sólo los gansos logran. Detrás de ellos, un anciano, manos en los bolsillos, sin prisa. Más atrás, un niño, corriendo. Tres vectores, ninguno hablándose entre sí, todos rumbo a un punto donde se iban a cruzar por unos cuatro segundos antes de dispersarse para siempre.
Lo ves y te mueves. Esa parte nadie te la enseña. El momento decisivo en una foto callejera rara vez es un segundo. Es una ventana pequeña, y tu trabajo es estar dentro antes de que se cierre. Apreté el paso, bajé la altura, encontré un ángulo al filo que dejara al ganso de adelante adueñarse del lado derecho del cuadro y al resto de la fila desplazarse hacia la izquierda como un trazo de pincel. Hice un puñado de tomas sabiendo que una era la buena.
16mm. Al filo. El gran angular estira la procesión hasta volverla cinematográfica. El ganso de adelante, cuello erguido, perfil limpio contra el cielo. Los otros gansos en cascada hacia la izquierda. El anciano al fondo. El niño en medio, a medio paso, un brazo a media altura, medio espejo sin pensarlo. Blanco y negro en la edición, porque el color ya estaba ahí en la luz, y agregarle más sólo le hubiera discutido. Horizonte justo al centro. Sol bajo a la derecha.
La titulé Beginning :: End. Principio y final. El niño es el principio. El anciano es el final. Los gansos son lo que va en medio, la parte que no cambia. Toda la fotografía camina en la misma dirección, y nadie en ella sabe que va caminando con los demás.
Este tipo de cuadro no puede ser prefabricado. Pero te puedes parar en el camino donde podría caer, con la cámara lista y las piernas dispuestas a cerrar la distancia. Esa tarde atrapé los cuatro segundos correctos. Todo este oficio, al final, es caminar lo suficiente para estar listo cuando el malecón te lance algo. Y estar unos pasos por delante cuando aterriza.
Por Qué Funciona
Composición
El horizonte cae justo al centro, no sobre un tercio. Sí, ya sé. Pero el resto de la geometría lo balancea. La fila central de la cuadrícula de tercios alberga a cada figura: gansos, niño, anciano, todos compactados en una franja horizontal. Y el punto fuerte superior derecho aterriza directo sobre la cabeza del niño. Eso no es coincidencia. Ese es el ancla del ojo.
Enciende la espiral áurea superior derecha y verás por qué este cuadro se sostiene. La espiral resuelve en la misma zona que el punto fuerte superior derecho: la cabeza del niño y el cuello del ganso de adelante, los dos envueltos dentro del rectángulo más pequeño de la construcción espiral. Dos reglas compositivas distintas, tercios y proporción áurea, coincidiendo sobre el mismo punto focal. Al ojo lo jalan ahí dos veces. El resto es luz y tiempo.
Luz y Tono
Hora dorada, sol metiéndose bajo al poniente, a mi derecha mientras disparaba. Luz lateral, no a contraluz. Los gansos, el niño, el anciano cada uno proyectaba una sombra larga hacia la izquierda, tres ecos paralelos tendidos sobre el pavimento que hacen que el primer plano se sienta más que sólo suelo. La estructura de nubes sostiene las altas luces. Las figuras se recortan oscuras contra la cúpula brillante del cielo.
Blanco y negro en la edición porque la paleta de color ya se había colapsado a dos valores: el cielo brillante y las figuras oscuras contra él. Meter croma le habría discutido a lo que la luz ya estaba diciendo.
Punctum
La palabra de Roland Barthes para el detalle que te pica y no te suelta. Aquí es el brazo derecho del niño, a media altura. No es un saludo militar. No es un adiós. Sólo un espejo medio consciente del ganso que va delante, el tipo de gesto que ocurre antes de que llegue el lenguaje. La primera vez no lo notas. La segunda, ya no puedes dejar de verlo.
Tiempo
Cartier-Bresson le llamó el momento decisivo. Se refería al instante en que forma, contenido y significado se ponen de acuerdo por un segundo. Para este cuadro la ventana fue de unos cuatro segundos. El niño tenía que estar a medio paso. Los gansos tenían que estar alineados de perfil, no apelotonados. El anciano tenía que seguir atrás, sin pegársele a la fila. Eso no se planea. Sólo se puede estar parado adentro cuando ocurre.
Tema
Un niño siguiendo a unos animales que todavía no nombra como distintos a él. Un anciano tomándose su tiempo hacia el final de una caminata. Gansos canadienses, que migran cada año, haciendo lo que los gansos canadienses siempre hacen. Tres relaciones distintas con el tiempo, todas caminando el mismo sendero, todas sin saber que están dentro de un tríptico. Yo migré al norte hace años. La fotografía se lee, para mí, como una nota chica sobre la diferencia entre avanzar y llegar a algún lado.
Técnica
- Cámara
- FUJIFILM X-T3
- Distancia focal
- 16mm
- Apertura
- f/16
- Obturador
- 1/250s
- ISO
- 200
- Fecha
- JUN 22, 2020
- Ubicación
- Vancouver, Canada
- Editor
- Lightroom